lunes, 16 de julio de 2012

Capítulo 1: Un Mal Sueño


  Capítulo 1
            Un mal sueño


Se despertó sobresaltada y notó como si el corazón se le fuera a salir del pecho. Angustiada miró a su alrededor y vio que estaba en su habitación. Allí estaba su armario empotrado al fondo de la habitación azul claro, su mesilla lila a la derecha de su cama con una pequeña lamparilla, una foto de su familia, algunas pulseras y un despertador. Se quitó de encima las sabanas rojas y se levantó ya más tranquila buscando sus zapatillas marrones y muy suaves.
<<Todo ha sido un sueño>> pensó. <<Pero era tan real...>> No pudo evitar recordar todo que había llegado a pensar que era la realidad. Recordó lo que vio, los siete días, y lo que le dijo aquel chico. Se sentía extraña, sabía que había sido un sueño, pero aun así le dio muchas vueltas a todo aquello.

Una voz la devolvió a la realidad. Su madre la llamaba para que bajara a desayunar, y al mirar el reloj se acordó de que tenía clases y debía darse prisa para no llegar tarde. Bajó corriendo las escaleras y por casi tropieza. Desayunó rápidamente, se vistió y se marchó despidiéndose antes de su familia. Tenía un hermano pequeño al que adoraba y unos padres que la querían mucho. No era una niña problemática y por eso tanto en la escuela como en su casa, todos la trataban muy bien.
Conocía prácticamente a todos los habitantes del pequeño pueblo y se llevaba muy bien con ellos. La verdad es que era un pueblo pequeño y alejado, situado en el valle de una montaña. No necesitaban moverse a otros pueblos ya que allí tenían todo lo que necesitaban. Se conocían todos y respetaban, y por eso ella nunca pensó en ir a ningún otro sitio, esa era su casa, su pueblo, y se encontraba a gusto.

En el camino al instituto fue por la calle de siempre, que pasaba por la plaza. Su casa estaba algo lejos del instituto aunque no tanto de la plaza, donde bajaba muchas tardes a leer, dibujar o charlar con amigas. Al llegar allí miro de reojo al campanario y como supuso no había nada extraño, pero aun así algo le inquietaba. Caminó rápido para pasar cuanto antes la plaza y no tardó en llegar al instituto, donde la esperaban dos amigas. Entraron juntas a clase y no menciono nada respecto a su extraño sueño. Las clases pasaron rápidamente pero ella estuvo ausente en todo momento, sin dejar de dar vueltas a lo que soñó.
 - Jane, ¿Te estás enterando? - Le había preguntado en alguna ocasión el profesor. Ella asentía, pero en realidad su mente estaba muy lejos de allí.

Tras el instituto volvió corriendo a su casa y mucho más rápido en la plaza, donde por alguna extraña razón sentía algo que no era normal. Esa tarde no quiso salir como de costumbre, ni siquiera cuando su madre la mando a un recado. Se quedó encerrada en su habitación con la excusa de que tenía muchos deberes y un examen muy difícil. Se sentía mal, mareada y con una rara sensación que no podía describir. Se tumbó en la cama e intento relajarse, cerrar los ojos y descansar, cayendo rendida y agotada.




Los rayos de sol apenas habían comenzado a asomar por la ventana cuando Jane se despertó. Otra vez había tenido un sueño extraño del que solo podía recordar un par de cosas, pero sabía que no había sido desagradable a causa de su fatiga. Se desperezó y se obligó a recordarse que solo eran pesadillas, nada más.

Como cada mañana se tuvo que dar prisa para no llegar tarde, pero aun así seguía con la cabeza en otros lados en vez de en las clases. Le molestaba tener que pasar por delante de aquel campanario cada mañana porque le recordaba a su sueño y no quería pensar en ello.

En uno de los intercambios de clases, Lisa, una de sus mejores amigas, se acercó a ella y animada dijo:
 - ¿Qué tal? - Sonrió ampliamente al ver el desconcierto de Jane. - No me digas que lo has olvidado. ¡En 6 días es tu cumpleaños! ¿No estas feliz de tener ya 16?
 - Oh, eso... Supongo que está bien.

No hizo mucho caso a lo que le decía, ya que al oír seis recordó que quedaban seis días a partir de lo que paso en su sueño. Todo le encajo. Habría soñado eso ya que estaba alegre por su cumpleaños, nada más. A lo largo de la mañana estuvo más atenta y despejada al saber que no era nada raro lo que soñó.  Pero aun así, ese día hizo la vuelta a casa por otro recorrido, uno por el que no tuviera que pasar por la plaza. Aunque ya creía haber aclarado su sueño, sabía bien que las veces que había pasado por allí desde entonces había sentido algo distinto y misterioso.
Pasó por varios callejones estrechos y oscuros, que serpenteaban hasta desembocar en una calle algo más grande. No le gustaba caminar por allí, pero lo prefería a volver por la plaza. De todas formas, se dio prisa en llegar a casa.



Iba distraída con la cabeza agachada cuando chocó con alguien y cayó al suelo. Soltó una exclamación y parpadeo perpleja antes de mirar arriba para descubrir con quien había chocado.
Un chico joven un par de años mayor que ella la miraba sonriendo. Su pelo era corto y le caía hasta el cuello ligeramente, de un color plata con unos extraños brillos. Pero lo que dejo asombrada a Jane eran sus ojos dorados. Sintió un escalofrió parecido al que había sentido al pasar por la plaza
 - ¿Te encuentras bien? - preguntó tendiéndole su mano para ayudarla a subir.
 - Creo que sí. - Tomo su mano y se levantó, sacudiéndose el polvo de la ropa. - Lo siento mucho... No miraba por donde iba.- Se disculpó Jane agachando la cabeza.
 - Tranquila, no tienes por qué preocuparte. - La tranquilizo con una media sonrisa.
Jane se sonrojo levemente y agacho un poco la cabeza, dejando que unos mechones de su larga melena azabache cayeran por su rostro, intentando disimular así su timidez.
El chico tomo su barbilla haciendo así que le mirara. Desvió su mirada pero pudo sentir como él sonreía e instintivamente le miró, perdiéndose así en su profunda mirada de ojos de oro. Se sintió de pronto indefensa, como una pequeña gacela frente a un temible león, y esto le hizo tener miedo, pero por otra parte se sentía confortable.
 - Tus ojos son preciosos, parecen... esmeraldas. - Dijo mirándola fijamente. Ella desvió la mirada y el la dejo de sostener.
 - Me llamo Nathan, es un placer haberte encontrado aquí. - Cada palabra que pronunciaba lo hacía con un tono intrigante y melodioso.
Se dispuso a marcharse haciendo un gesto con la mano y dando media vuelta.
 - Mi nombre es... - Contestó volviendo a la realidad.
 - Jane, lo sé. - Dijo volviéndose hacia ella con una sonrisa enigmática. Después se marchó sin decir palabra, mientras Jane permanecía quieta viéndole marchar, desconcertada pero sin atreverse a preguntar.

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