domingo, 4 de marzo de 2012

Extra // Capítulo 1: Encuentro invernal

      Capítulo 1: Encuentro invernal

Era una mañana de invierno bastante fría. Kuroi era una chica que vivía en un pueblo de Japón llamado Namimori. Aquella mañana había helado debido al frío que hacía allí en pleno invierno, y en algunos pueblos cercanos incluso nevó. La chica se levantó de la cama perezosa y a tientas se puso sus zapatillas mientras se restregaba los ojos. Como todos los días, bajó a desayunar tranquila y subió de nuevo a vestirse, lo cual no podía hacer los días de instituto, pero como eran las vacaciones de invierno tenía todo el tiempo que quisiera y no tenía que ir con prisas. En su habitación eligió su ropa y miró a su mesilla donde tenía un reloj despertador, el cual marcaba las once de la mañana. Dio un respingo y se acordó de que había quedado hoy con sus amigas a las doce del mediodía y no le quedaba mucho tiempo. Corriendo cambió de ropa eligiendo esta vez unos vaqueros y un jersey azul claro. Se peinó rápido dejando su largo pelo negro suelto y se colocó una bufanda negra alrededor del cuello, bajó corriendo las escaleras y por casi tropieza. Se puso sus botas marrones, cogió las llaves y el móvil y salió de casa. Miró de nuevo el reloj y eran las once y media pasadas, pero para llegar al centro del pueblo dónde había quedado tardaba unos quince minutos. Si se daba prisa llegaría a tiempo, así que sin dudarlo caminó rápidamente hacia el centro donde estaban las tiendas y restaurantes. Sus amigas y ella habían quedado hace un par de días en ir de compras, cosa que a Kuroi no le gustaba demasiado, pero un día no estaría del todo mal. Cansada miró el reloj, las doce menos cinco, pero ya había llegado al punto de encuentro que acordaron. Se sentó en un banco a esperar a las demás que estarían a punto de llegar.
- Ey Kuroi, ¿qué ha pasado? Pareces cansada. – Dijo Aoi que acababa de llegar. Kuroi explicó lo que le había pasado y la chica pelirroja se echó a reír, aunque a Kuroi no le hacía demasiada gracia. Pronto llegaron las dos restantes que hicieron la misma pregunta que Aoi, y esta vez fue ella la que contestó por Kuroi. Cuando ya estuvieron las cuatro, decidieron ir primero a comprar algo de ropa y luego irían a tomar algo. Caminaron por las amplias y abarrotadas calles del centro mirando escaparates y entrando en ocasiones a probarse algo de ropa, aunque no compraron nada. Más tarde vieron una tienda con ropa preciosa y barata, así que entraron a probarse y a comprar. Las chicas se probaron muchas camisetas y pantalones, pero al final solo cogieron una o dos camisetas cada una. Al ir al mostrador fueron pagando de una en una hasta que llegó el turno de Kuroi, que al ir a buscar el monedero no lo encontró. Rebuscó en sus bolsillos, pero no encontró nada.
- Disculpa, no encuentro el monedero… - Supuso que se lo habría dejado en casa con las prisas, pero de verdad le daba pena no poder comprar esa camiseta negra y fucsia.
- Tranquila, nosotras te pagaremos la camiseta y ya nos lo devolverás. – Entre las tres reunieron el suficiente dinero como para comprarla, y Kuroi se lo agradeció de verdad.

Entraron en alguna tienda más y compraron algún pantalón, excepto Kuroi que no tenía dinero y ni quería realmente comprar ninguno, ni quería que le volvieran a dejar dinero.
Según pasaba el tiempo, más gente había por allí y era molesto caminar por aquellas calles.  Vieron una cafetería no muy llena y prefirieron entrar ahí a otras que estaban llenas de gente.
Al entrar el ambiente era tranquilo y relajado, sin mucha gente y los que había no hacían mucho ruido. Se sentaron en una mesa y pidieron algo de comer, pero Kuroi recordó que no tenía dinero. Las demás se ofrecieron a pagarle también eso, así que pudo pedir tranquila.
Las tres se pidieron algo de beber, pero Kuroi solo pidió agua para no hacer a sus amigas gastar más dinero. Mientras comían vieron a un chico con un pelo rubio precioso y algo largo, con una camiseta de manga corta que dejaba ver algunos tatuajes del brazo. Las tres amigas se volvieron locas al ver a ese chico tan apuesto y empezaron a reírse.  Kuroi no entendía que veían en ese tipo, más bien parecía un chulo, y ella los odiaba, así que simplemente comió sin hacer caso. Cada vez que ese chico miraba hacia ellas hacían algún comentario sobre a quién de ellas miraría y si alguna le gustaría. Kuroi ignoraba esos comentarios absurdos y en ocasiones se reía de las tonterías tan grandes que decían. Acabaron de comer y el camarero les llevó la cuenta. Al ver lo que había costado las chicas se sorprendieron, porque al mirar su monedero vieron que no les llegaba para pagar la comida de Kuroi. Seguramente sin la bebida habrían tenido suficiente, pero no se dieron cuenta de que no les quedaba tanto dinero. La chica se asustó porque no sabía qué hacer. Se lo explicaron al camarero pero éste no aceptó eso como excusa y exigía que le pagaran todo, pero ellas no sabían lo que hacer.
El chico rubio se acercó a su mesa, miró la cuenta y sacó unos billetes del monedero.

- Ten, con esto bastará. – El chico le entregó los billetes al camarero que se marchó ya satisfecho por tener todo el dinero de la comida. Kuroi se sintió molesta porque aquel chico había pagado su parte sin conocerla, pero al mirar a sus amigas vio que estaban embobadas con él y su “simpatía”. Sin embargo a ella le parecía más bien un acto de chulería y nada más.
- Gracias. – Dijo de mala gana, pero eso no pareció molestar al chico que al contrario, sonreía tranquilo. 
- De nada, no te preocupes. Por cierto, mi nombre es Dino Cavallone. – El chico no parecía darse cuenta del efecto que causaba en las otras chicas y siguió simplemente sonriendo como si nada.
- Yo soy Kuroi. Chicas, vámonos. – Respondió seca mientras se levantaba de la silla. Las tres se espabilaron y se levantaron detrás de ella despidiéndose del chico sonrojadas.  Dino las despidió alegre y ellas se fueron felices de allí.

Una vez fuera Kuroi empezó a caminar deprisa para perder de vista a ese chico, a esa cafetería y esa calle, y las tres chicas tuvieron que acelerar el paso para no perderla.
- ¿Por qué te vas tan rápido? – Dijo Aoi cuando ya estaban a su lado y no caminaba tan deprisa.
- Ese tipo solo era un presumido, paso de él. Si se cree que voy a babear como vosotras, lo lleva claro. – Tras decir esto ninguna de ellas le llevó la contraria ni añadieron nada.
El resto de la tarde se les pasó rápido caminando de un lado a otro, descansando en parques y haciendo tonterías.  Antes de que cayera la noche, decidieron ir a un gran parque cercano donde se oía jaleo, seguramente habría algo interesante. Al llegar allí vieron un campo de fútbol en el que jugaban un partido. Rondaron por allí hasta que se hizo de noche, y las chicas pensaron en irse a casa porque ya no había luz y podía ser peligroso, además de que era tarde.
A Kuroi aún no le apetecía marcharse y se acordó de que jugaban algunos un partido, así que se despidió de ellas y se quedó a ver como jugaban. Ya sola, se sentó en unas pequeñas gradas que había allí y distinguió entre los jugadores al chico rubio, Dino. No se podía creer que estuviera allí, ¿no podía despegarse de ella o qué? Bueno, al menos desde allí no la vería.
Al acabar el partido ya serían las diez y media de la noche y todo estaba muy oscuro, apenas un par de farolas alumbraban el campo. Kuroi se levantó del asiento e intentó buscar el lugar por el que había venido para volver por ahí, aunque con la poca iluminación no lo llegaba a encontrar bien. Caminó por un paseo totalmente a oscuras a excepción de algún pequeño farolillo situado a los alrededores en la hierba. Caminaba y giraba de vez en cuando tomando otro camino, pero no parecía alejarse mucho del campo. Suspiró agotada por aquel día y ahora no sabía bien por donde volver, tal vez debería haberse ido con sus amigas. Caminó un poco más cuando chocó con alguien y al alzar la mirada pudo ver a varios chicos mayores que ella. De por sí, a pesar de sus quince años, no era demasiado alta, y esos chicos debían tener dieciocho años.
- Lo siento. – Dijo mientras avanzó buscando de nuevo el camino por donde iba, pero alguno de ellos la cogió del brazo y no la dejó marchar. Se dio cuenta de que eran cinco chicos y que la estaban empezando a rodear. “Mierda”, pensó al saber que no la dejarían marchar.
- Oye, no tengas tanta prisa. – Dijo el chico que la sujetaba del brazo riéndose. A Kuroi le dieron ganas de pelear contra ellos, pero prefería no montar ningún espectáculo y no tenía todas consigo de ganar.
- Por favor, tengo prisa. – Kuroi tiró del brazo para soltarse, pero al ir hacia delante había otro de ellos que no la dejó pasar. Ella avanzó a pesar de que él no le dejara, pero cuando fue hacia delante éste le empujó hacia el lado contrario, siendo agarrada por otro de ellos. No podría salir de allí tan fácil, y cada vez que se soltaba la empujaban al lado contrario. Hasta que, una de las veces que la empujaron, cayó sobre alguien mayor que en vez de agarrarla del brazo, la abrazó fuertemente. No hizo intento de escapar aquella vez, sentía que estaba protegida y simplemente hundió su cabeza en el hombro de él. No sabía quién era por la poca luz, pero tampoco quiso levantar la cabeza y averiguarlo.
- Oye, ¿qué pasa? – Dijo al fin uno de los chicos.
- No la toquéis más. – Contestó el chico que la sostenía aún y que la abrazaba con fuerza.
- Oh, venga, solo nos divertimos. ¿Por qué te pones así?
- Porque…- Hizo una pausa y miró a la chica acariciándola el pelo, haciendo que esta se sonrojara. – Porque ella está conmigo. – Dijo al fin.
- Perdón tío, no sabíamos que era tu chica, ya nos vamos. – Dijeron yéndose, aunque a pesar de eso ella seguía en los brazos de aquel chico, agachando la cabeza para que su gran sonrojo no se notara.

-Tranquila, ya pasó todo. – Notó como la presión del chico cesaba. Sostuvo con su mano la barbilla de la chica y le alzó la cabeza, y aunque ella no quería mirarle por la vergüenza que tenía, no tuvo más remedio.  Al hacerlo, se encontró con unos ojos marrones que miraban profundamente a los suyos azabache. - ¿Estás bien?
Vio como el pelo de aquel muchacho brillaba con la poca luz que había en un tono rubio que resaltaba en tanta oscuridad.
-Sí, estoy bien… Gracias. – Contestó ella abatida y con los ojos entrecerrados. De él recibió una amplia sonrisa, pero ella casi no lo notó, apenas podía mantenerse en pie después de aquél largo e intenso día.
Se dispuso a dar un paso pero las fuerzas le fallaron y tropezó, pero las manos del joven se toparon con las suyas, sosteniéndola. Con el impulso del tropiezo, la levantó del suelo y la sostuvo en brazos, mientras ella le miraba sorprendida y cada vez con la cara más roja.
Aquél que ahora la sostenía en brazos, era el mismo chico que antes la había ayudado en el problema de la cafetería. Odiaba que él le ayudara sin conocerla, pero dentro de ella le gustaba que él hubiera estado ahí.

- Descansa. – La miró con ternura y ella simplemente volteó la cabeza hacia su hombro para esquivar su mirada. Gracias a él se había salvado de muchos problemas en un solo día y sentía en él algo reconfortante.
Poco a poco mientras él caminaba, se fue quedando dormida en sus brazos.

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